Sam Abell, arte y fotoperiodismo

January 20, 2017

Sam Abell no está interesado en los encargos que exigen, para su realización, un equipo complicado. No utiliza el flash. “Va en contra de mis percepción personal de lo que es la fotografía”, dice. Tampoco usa paneles reflectores para dirigir la luz hacia el sujeto en la sombra Abell insiste siempre en que sus fotografías son fieles a la realidad que ven sus propios ojos en el momento de la exposición, “sin la menor imposición”.

 

Y aunque no es un fotógrafo documentalista, querer que su trabajo resulte “autentico”.

Reconoce que la fotografía es una disciplina basada en unas herramientas determinadas que tienen una gran cantidad de practicantes, pero se abstiene de enjuiciar a los fotógrafos que poseen el equipo más moderno.

 

Por eficacia y ahorro de materia, su equipo consta de dos cámaras, un objetivo 28 milímetros, otro de 90 milímetros y un solo tipo de película. “La clase de imágenes por las que me intereso no necesitan material sofisticado.”

 

Sam Abell un poeta, un artista que trabaja con una cámara y que pretende hacer “fotografías tranquilas”, estuvo a punto de fracasar en su intento de convertirse en fotógrafo editorial.

Una de sus primeras historias para la revista National Geographic, un reportaje sobre Terranova (enero de 1974), estuvo a  punto de convertirse en la última.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Imagen simbólica de un estilo de vida casi extinto, una de las primeras fotografías de Abell. “” “Creo que es una visión simple y expresiva del Atlántico Norte. Nada agresiva, ni en el color, ni en el contenido, ni en la acción, es una imagen sutil. La quietud y el silencio son sus mejores atributos.

 

 

Abell dice que la reacción de los editores no fue positiva, y que esa opinión persistió en varios encargos posteriores. “Demasiada quietud; ése era el sello que identificaba mi fotografía y que hizo que se cuestionara severamente mi aptitud. Me dijeron que cambiara de estilo”, explica. La solución que tomé fue la de no reinvertirse a sí mismo. “En lugar de eso, resolví hacer más convincente la quietud de mis imágenes. ”

 

Desde joven, Abell está interesado en “el poder expresivo de la fotografía como disciplina artística”, en parte debido a la influencia de su padre, un profesor de geografía qe dirigía un club de fotografía.

 

 

 

 

 

 

 

 

Abell hizo esta fotografía con sensibilidad artística y propuso fotoperiodismo para evocar el espíritu de Tolstoi y de la Rusia zarista en un reportaje para una revista.

Incluye las peras, la cortina y el marco de la ventana para dar al Kremlin algo de lo que carece: una escala humana.

 

 

En el instituto, Abell fue el fotógrafo y codirector del periódico y del anuario del centro, una experiencia que amplió sus puntos de vista.

“Fue entonces cuando caí bajo el hechizo del fotoperiodismo y la fotografía para revistas” recuerda.

“Al mismo tiempo empecé a creer que la relación entre la fotografía y el mundo editorial es verdaderamente estrecha. Para mí, la función primordial de la fotografía es que sea publicada.

Cuando tu nombre aparece bajo una foto sientes la obligación de plasmar imágenes de las que puedas sentirte orgulloso.”

 

“Creía en la fotografía editorial, sin embargo también aspiraba a sr un artista y pensaba que ambas inquietudes podían confluir”, añade.

 

Empezó a estudiar la posibilidad de fusionar estas dos formas de expresión fotográfica. En la facultad trabajó activamente en un anuario dedicado a la  "fotografía progresista" concebida bajo un enfoque artístico. A menudo le preguntan a Abell lo que debe tener una fotografía de National Geographic.

 

“Todo: contenido, atmósfera, luz…..tiene que encerrar un momento.” Creo que hemos añadido niveles o capas a la ecuación, y exigimos que nuestras fotografías sean complejas, como añadidura a todo lo demás”, replica.

Con este propósito, Abell ha cubierto una gama muy amplia de materias. Sus encargos han versado sobre temas tan dispares como el excursionismo en PacificCrestTrail, los ranchos de Australia, Yellowstone o la expedición de Lewis y Clark.

 

Pero,  ¿cuál ha sido su especialidad a lo largo de los años? “Cualquier trabajo que tenga algo especial, que pueda ser expresivo, en el que afloren la poesía y los sentimientos, como sucedió”  cuando realice esos reportajes sobre los cuáqueros, los setos vivientes o el piragüismo”, responde Abell. Sus trabajos a menudo incluyen retratos con una fuerte carga emocional. Abell no tiene una técnica secreta que ofrecer, aunque insiste en que el tiempo que pasa con los protagonistas es esencial.

 

En el norte de Queensland, Australia; trabajó en una granja de ganado vacuno fotografiando a sus diez empleados y a los estudiantes de una escuela cercana para jóvenes que habían tenido dificultades en un ambiente urbano (junio de 1996). De las cinco semanas de que disponía para realizar el encargo, dedico seis días a este pequeño grupo. Cinco de las fotografías resultantes se publicaron en la revista,  una de ellas en la portada, las otras en una doble página  y un despegable de tres páginas.

 

Fue la recompensa por comprender el valor del tiempo, algo que sólo se alcanza a través de la experiencia.

 

“Trabajar para National Geographic es como un regalo” dice. “No hay vida más rica y plena para mí que la de un fotógrafo editorial”. Y aunque no es un camino fácil, no lo cambiaría por otro.” Además de la dificultad que entraña mantener las amistades por culpa de los largos viajes, le han robado y asaltado, contrajo el paludismo, ha sufrido heridas importantes, casi se ha matado volando en avioneta y se ha enamorado. “Si no vives emociones, probablemente no harás fotos. Es necesario tener estas experiencias y, aunque puedan resultar agotadoras, gracias a ellas nacen las fotografías.” Actualmente, Sam Abell ve la vida del fotógrafo en términos más amplios. “Ser fotógrafo significa  algo más que poner película en una cámara; significa editar y publicar, que es otra forma de enseñar.”

 

Este pasaje del libro de Sam Abell, StayThisMoment, publicado en 1990, es sumamente significativo:

“Las fotografías […] no fueron difíciles de realizar […]. No obstante, hubo algo que sí fue duro. Fue duro estar entre las fotografías y no saber cuándo ni comó estar entre las fotografías y no saber cuándo no cómo aparecería otra imagen. Por encima de todo, es doloroso aprender a vivir a con las intensas imágenes mentales de escenas que quise realizar, pero no pude expresar. Saber que existen esas imágenes dentro de mí es lo que me da certeza de que las mejores fotografías todavía tienen que hacerse.”

 

Consejos fotográficos de Sam Abell

 

  •  Sam Abell Imparte talleres de fotografía, pero rara vez habla sobre equipos fotográficos y da poca importancia a los aspectos técnicos. “Un paso más”, uno de sus seminarios en los cursos de fotografía que imparte en Santa Fe, está dirigido a todos aquellos que quieran desarrollar su creatividad e iniciarse en un nivel más elevado.

  • Proponerse algo que tenga consecuencias es su permanente consejo. Hay que marcarse objetivo.

  • Algunos fotógrafos con otros trabajos o con responsabilidades familiares han escuchado el consejo de Sam Abell. Una mujer fotografío todos los negocios Maine con más de cien años seguían dirigidos por las familias de sus fundadores.

  • Otro de los estudiantes, que trabaja todo el día. Hizo un estudio sobre la figura humana. Una fotógrafa de prensa de Kentucky proyectó un trabajo sobre nuestro tiempo: fotografío a una familia a lo largo de 20 años en su tiempo libre asumiendo todos los gastos.

  • Los temas pueden ser paisajes, gente, lugares o cosas abstractas, y el fotógrafo puede ser profesional o un impetuoso aficionado. Sea como sea, Sam Abell  ofrece un valiosísimo consejo a los fotógrafos que estén pensando en elaborar un proyecto: lo más importante es implicarse emocionalmente y se autor de la historia; nadie puede hacerlo por nosotros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El rostro de un ganadero australiano refleja la tensión de una existencia marginal, mientras que su nieta imagina una vida idílica.

“Estuve seis días en el rancho intentando captar esta compleja y estructurada imagen que sugiere dos estados de conciencia: una madurez realista y una infancia soñada”, recuerda Sam Abell.

 

 

 

 

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